Aaron Jarvis confirma en el LAAC que no se equivocó de deporte

De pie al borde del green del 18, Aaron Jarvis, de las Islas Caimán, tuvo que contener la respiración más de una vez.

Cuando acabó su ronda, Jarvis estaba participando en entrevistas cuando tanto el mexicano Santiago De la Fuente como el argentino Mateo Fernández de Oliveira fallaron sendos putts de birdie para empatar el liderato con 7 bajo par. Jarvis estaba enfocado en el green, ya que el brasileño Fred Biondi y el argentino Vicente Marzilio también tenían putts de birdie y águila, respectivamente, para ponerse 7 abajo. Todos ellos superaban en el ránking mundial de aficionados a Jarvis, que llegó a Casa de Campo en el puesto 1.669 del mundo. Todos ellos fallaron y no hubo desempate. Y Jarvis se convirtió en el séptimo ganador del Latin America Amateur Championship (LAAC).

“¡Finalmente, alguien del Caribe!”, dijo una voz del contingente caribeño que se había reunido alrededor de Jarvis, perseguido por las cámaras desde el momento en que terminó su ronda.
“Hermano, se va al Masters”, dijo el jamaicano Justin Burrowes.

No solo al Masters Tournament, sino también a The Open Championship en St Andrews y al U.S. Amateur. Un miembro de la Federación de Golf de Trinidad y Tobago se acercó a Jarvis y le recordó lo lejos que había llegado.

“¡Todavía recuerdo los 11 golpes de la última vez que jugaste aquí!”, dijo.

Se dirigió al padre de Jarvis, Robin, y repitió lo mismo, haciendo referencia al debut de Jarvis en el LAAC en Casa de Campo en 2019, donde se anotó 11 golpes en un hoyo y terminó en el puesto 50.

Mientras Jarvis se alisaba el cabello y decía: “Oh, Dios mío”, su padre tampoco podía creerlo.
“Ni en mis sueños más locos”, dijo Robin Jarvis.

La madre de Aaron Jarvis, Lana, que es maestra, no pudo obtener un permiso del trabajo para asistir al torneo, así que Robin la llamó y narró lo que Aaron estaba haciendo mientras iban celebrándose las ceremonias posteriores a la victoria.

“Sabía que era mejor que mi ranking”, dijo Jarvis, un estudiante de primer año en la Universidad de Nevada en Las Vegas (UNLV), después de la ronda. “Simplemente no jugué suficientes torneos para mejorar mi ránking. Esperemos que ahora suba después de esta victoria”.

El recorrido del joven de 19 años hasta subirse al podio comenzó en 2013, cuando las Islas Caimán tuvieron la oportunidad de albergar el Campeonato Mundial Junior del Caribe, a pesar de que no tenía un equipo junior. El país arrojó una red para captar a atletas interesados en el golf, y el hermano de Aaron, Andrew, fue reclutado para el equipo. En ese momento, Aaron jugaba al fútbol para el equipo Sub-13 de las Islas Caimán, pero su hermano mayor despertó su interés por el golf.

“Quería ganarle a su hermano”, dijo Robin. Andrew no se hizo profesional, aunque ahora tiene un hándicap de 5. A medida que Aaron crecía y tenía que decidir entre el fútbol o el golf, Robin notó que la decisión era fácil.

“Estaba más apasionado por el golf”, dijo Robin.

En la ronda final, esa pasión dio sus frutos, pero no antes de cruzarse con algunos obstáculos.
El putt corto para birdie corto que Jarvis embocó en el 18 y que nadie más pudo igualar fue el punto culminante de su victoria. Sin embargo, los dos momentos que pudieron haberle dado el campeonato llegaron más temprano en el día. Después de hacer un doble bogey en el par 4 del hoyo 9, Jarvis se recuperó en el hoyo 10 e hizo birdies en el 11 y el 12. Luego, en el par 3 del hoyo 16, después de poner su bola en el agua, metió un putt largo para bogey y salvar la ronda.
“Si estás cerca de él, te das cuenta de lo seguro que está”, dijo el entrenador de la UNLV, A.J. McInerney. “Es capaz de tener poca memoria y dejar atrás lo que sucedió en el hoyo anterior”.
Jarvis fue el primer jugador comprometido verbalmente por McInerney después de que se hizo cargo del programa el año pasado. McInerney pudo ponerse en contacto con Jarvis y reclutarlo para la UNLV a través del instructor de golf Andy Leadbetter, en cuyas instalaciones Jarvis entrenó en sus últimos dos años de escuela secundaria en Orlando.

El domingo, a más de 5.000 kilómetros de distancia, en el sur de California, cuando iban de camino a un torneo universitario, los jugadores de golf de la UNLV vieron los últimos putts en sus teléfonos. Cuando se confirmó la victoria de Jarvis ganó oficialmente, explotó la celebración dentro de la camioneta.

“Tiene una de las personalidades más contagiosas que conozco”, dijo McInerney sobre la conexión de Jarvis con sus compañeros de equipo y entrenadores. Es el único jugador de América Latina en el equipo. “Es difícil no sonreír cuando estás cerca de él”.

Cuando Jarvis ingresó a la conferencia de prensa del domingo con una medalla de oro colgada del cuello, su sonrisa y simpatía fueron naturales, aunque pareciera impresionado por las luces.
“¿Cómo está mi cabello?”, preguntó.

Alguien apareció con un sándwich y papas fritas. Sus ojos se iluminaron. Fue un recordatorio de que, al fin y al cabo, solo tiene 19 años.

Después de responder a las preguntas, Jarvis complió su primera obligación como campeón de LAAC. Pasó los siguientes minutos firmando las banderas del Masters Tournament, The Open y el U.S. Open antes de irse a celebrar.

Como dijo bromeando su padre: “Es posible que no lleguemos a nuestro vuelo mañana”.

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